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Sanando las heridas de la infancia


FORMACION HUMANA COMUNITARIA
SANANDO LAS HERIDAS DE LA INFANCIA

 

 

OBJETIVO:

Conocer más nuestras heridas de la infancia para poder trabajarlas y sanarlas caminando de la mano con Jesús.

 

BIENVENIDA:

En nuestro proceso de formación vamos intercalando diversos temas de las dimensiones humana, espiritual, doctrinal y misionera social. Hoy veremos un tema de dimensión humana y comunitaria: Sanar las heridas de la infancia es necesario pues sin ello no podemos ser verdaderos cristianos. Hoy conoceremos qué es una herida, cómo se produce y cuáles son los medios para sanarlas.

 

ORACIÓN:

Ven, Espíritu Santo… Lema de FEF y de la comunidad.

Canto:   Ven Señor, y lléname… o un vaso nuevo.

 

EXPERIENCIA DE VIDA:

La dimensión humana y comunitaria es importante, porque es la base de nuestra formación.

Hay algunas personas que habiendo iniciado, con un serio esfuerzo, su itinerario de vida espiritual como discípulos misioneros de Jesucristo, se sorprenden al encontrar heridas interiores en su psicología: vacíos de amor, experiencias de abandono, de pobreza extrema, o de rechazo; rencores, abusos sexuales o emocionales, de parte de padres o familiares alcohólicos; temores, angustias, compulsiones, obsesiones de diversos géneros, que se convierten en escollos que les impiden avanzar en el seguimiento de Cristo.

Esto los desconcierta, les desanima y hasta les hace pensar que son “raras” y que es mejor ocultar sus heridas y los sentimientos que les producen pues desconocen que existen caminos de sanación interior. Para entenderlo mejor veamos un ejemplo del mundo vegetal.

 

“EL MATAPALO (Hay varios archivos más con fotos del matapalo).

En las selvas de Kalakmul, en el sureste mexicano, vive un enorme árbol parásito que se desarrolla sobre otro hasta paulatinamente cubrirlo, sofocarlo y llevarlo a la muerte; su nombre común es el “matapalo”. El proceso es el siguiente:

Sanando infancia 01En la alta fronda de un árbol de la selva, empieza inocentemente a germinar y establecerse como una plantita, una semilla de matapalo.

Esta planta parásita, despliega a continuación un impresionante crecimiento hacia el suelo, al que envía grandes y números tallos que se entierran y se convierten en raíces. Al mismo tiempo, sobre el árbol original, extiende sus ramas y raíces y va cubriendo, paulatinamente, su tronco y su fronda hasta darle otra apariencia, como si fuera su segunda personalidad.

El primer árbol pierde su identidad con el desarrollo del matapalo; su tronco, por más grueso que sea, queda casi totalmente oculto y es cubierto por la nueva apariencia sobrepuesta del árbol parásito y lo mismo sucede con sus ramas.

Los tallos del parásito siguen creciendo y forman una maraña que terminan envolviendo y estrangulando al primer árbol. La identidad de este primer árbol es prácticamente ocultada y llevada a la muerte, porque el nuevo tronco superpuesto y la nueva fronda superan en crecimiento los del árbol original, quien muere asfixiado por la nueva personalidad sobrepuesta.

Con los años, únicamente es visible el matapalo, hermoso y enorme árbol tropical, y sólo hurgando entre el tronco se logrará descubrir rastros de la identidad del árbol original sofocado y muerto. O bien descubrirá el hueco de lo que fue su tronco, rodeado por el estrangulador.

 (Se hacen las siguientes preguntas y se escuchan algunas respuestas)

1.- ¿Cómo crece el matapalo sobre otro árbol?Sanando infancia 022.- Cuando el matapalo llega a crecer, ¿qué pasa con el primer árbol?
3.- ¿Qué relación existe entre la historia del matapalo y nuestra historia humana?

 




MENSAJE:

El matapalo comienza como una pequeña plantita y poco a poco va creciendo hasta cubrir todo el primer árbol al cual llega a matar. Esta misma experiencia viven muchas personas que anhelan ser discípulos misioneros de Jesucristo y buscan con ganas cómo desembarazarse de una personalidad que no es la suya y que por consiguiente les provoca muchos problemas de conducta y no poco sufrimiento interior. Esta experiencia del matapalo nos ayuda a descubrir cómo las heridas psicológicas sofocan brutalmente la propia identidad e impiden el crecimiento original de la persona.

Aunque ciertamente los avances de la psicología son extraordinarios no cabe duda de que sólo con la fortaleza y la voluntad humana no es posible vencer las fuerzas del mal y del matapalo. Tenemos que recurrir a la fortaleza de Dios, a la gracia y al discernimiento para que Jesús y su Espíritu Santo nos sanen. Él es el primero que lo desea pues nos ha llamado a ser sus hijos amados en los que Él se complace. Tenemos que unir la fe y la vida y saber que no caminamos solos. Recurramos tanto a la Fe como a la Ciencia para intentar conocer y sanar las heridas de la infancia. Veamos dos textos bíblicos que nos iluminarán para concretar y profundizar el mensaje de sanación.

 

PALABRA DE DIOS:

Leamos un pasaje de Jeremías 18, 1-6 y sobre las curaciones de Jesús. Lc 8,1-3.

(Dar tiempo para que lo busquen en la Biblia).

 

Jeremías 18, 1-6
1 El Señor dirigió esta palabra a Jeremías; 2 – Baja en seguida a la casa del alfarero; allí te comunicaré mi palabra. 3 Bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. 4 Si se estropeaba la vasija que estaba haciendo mientras moldeaba la arcilla con sus manos, volvía a hacer otra a su gusto. 5 Entonces el Señor me dijo: 6 ¿Acaso no puedo yo hacer con ustedes, pueblo de Israel, igual que hace el alfarero? Oráculo del Señor. Como está la arcilla en manos del alfarero, así están ustedes en mis manos, pueblo de Israel.

 

Lucas 8,1-3.
1 Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce   2 y también algunas mujeres a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios;

3 Juana, mujer de un administrador de Herodes, llamado Cuza; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.

Respondamos a las preguntas: (Si se quiere se pueden comentar por parejas o tríos y luego dar algunas respuestas a todo el grupo).

 

1.- ¿Qué vio Jeremías en la casa del alfarero? ¿Qué hacía el Alfarero cuando no le quedaba bien la vasija que estaba haciendo?
2.- ¿Cómo somos nosotros en las manos del Señor? ¿Qué puede hacer con nosotros?
3. ¿Qué hizo Jesús con las mujeres que lo acompañaban y lo atendían con sus bienes?

 

REFLEXIÓN Y EXPLICACIÓN:

Lo primero que tenemos que tener en cuenta, es que nuestras vidas, a pesar de los muchos sufrimientos, dolores, o dificultades vividas están en las manos de Dios; porque Él es el Alfarero. La Santísima Trinidad que nos habita quiere hacer de nuestro templo, que somos nosotros, un lugar hermoso donde Él pueda complacerse y estar a su agrado. Dios está por nosotros, es nuestro Hacedor y, al igual que Jesús, está ahí y pendiente para rehacernos como el Alfarero o el Médico que nos quiere sanar de las heridas y sacar fuera los demonios que nos habitan y quieren ahogar la personalidad original y bella que Él ha creado.

En nuestras vidas, al igual que María Magdalena, todos hemos pecado y tenemos heridas, que muchas veces son como semillas de matapalo, que ahogan nuestro “ser”, y, para poder ser más precisos, nuestro SER ESENCIAL”. Todos tenemos desde que nacemos un rico potencial de toda clase. Todos tenemos deseos de existir. Todos deseamos ser nosotros mismos. La necesidad de existir es la necesidad fundamental. Es semejante al primer árbol que tiene el impulso para un desarrollo sano.

Precisemos primero algo importante sobre ese ser que tiene deseos de existir.

Llamamos “EL SER” a la zona más profunda de nosotros mismos. Es esa intimidad más íntima que es Dios mismo en nosotros. El Ser es todo lo que concierne a:

Nuestra identidad profunda, por tanto, a nuestros rasgos de personalidad.

Nuestro actuar esencial, es decir, aquello para lo que hemos sido hechos.

Nuestros lazos de ser, es decir, nuestros lazos fundamentales con otras personas con las que tenemos convivencias de ser.

En el ser se pueden distinguir dos zonas: el corazón y la periferia.

           

 Sanando infancia 03

El corazón de sí mismo es:

En cuanto a nuestra identidad, los rasgos más esenciales de nuestra personalidad, por ejemplo: la rectitud, la verdad, el amor, la justicia.

En cuanto a nuestro actuar esencial, lo referente a la vocación profunda.

En cuanto a los lazos de ser, los que son esenciales, por ejemplo, lazo con la madre, con el padre, con Dios.

La periferia es lo no esencial pero que, forma parte de nosotros mismos, por ejemplo: los dones intelectuales, de relación, dones artísticos, etc.

El límite entre el corazón de uno mismo y la periferia es difícil de fijar. Sólo el interesado puede juzgar. La necesidad de existir es muy poderosa en lo que concierne al corazón de sí mismo, y disminuye la intensidad a medida que vamos hacia la periferia del ser.

Ahora bien, desde que somos niños todos tenemos la NECESIDAD DE SER RECONOCIDOS,es decir, de ser vistos y comprendidos en lo que somos, en el corazón de nosotros mismos, de ser acogidos así, de ser creídos cuando compartimos lo mejor de nosotros mismos, de ser amado gratuitamente por lo que somos y no por lo que hacemos o por las satisfacciones que damos, de que se confíe en nosotros, de que nos dejen ocupar nuestro lugar y jugar nuestro rol en el universo donde vivimos, de que estén contentos de vernos existir tal como somos; de sentirnos en seguridad y en descanso interior en medio de los que son importantes para nosotros. Algunos son frustrados en algunos aspectos, otros en todos. Ahora a nosotros nos toca detectar de qué manera hemos sido heridos.

Todos necesitamos ser reconocidos por las personas que son importantes para nosotros, nuestra madre, nuestro padre, los hermanos, etc. Cuando ellos no lo hacen se produce una herida en nuestro interior, esta herida, viene a ser como la semilla del matapalo que va a ahogar nuestro verdadero ser. Cuando una persona que es importante para nosotros nos causó una herida, fue por una acción que realizó tal vez porque se burlaron, se han reído, nos han dominado, aplastado, o utilizado, sospechó de nosotros, nos golpeó, nos rechazó, etc.

Las heridas también pueden producirse por un ambiente nocivo y no por una persona en particular. Así por ejemplo la muerte de un ser querido, la tristeza, la depresión de personas importantes, el divorcio o peleas de sus padre; o porque se vieron opacados por un hermano, o incluso porque se le asignaron “responsabilidades” de adulto cuando sólo era un niño.

Es importante señalar que la necesidad de ser reconocido está por encima de la necesidad de sentirnos amados.

Las heridas, cuando son como la semilla del matapalo; hacen que se produzca en nosotros el fenómeno de la no-existencia. Es decir, esa herida hace que dudemos de nosotros mismos, de la riqueza de nuestro ser y de la validez de nuestra originalidad. Por lo tanto se destruye nuestra personalidad auténtica para ir desarrollando “otra personalidad” que se muestre más segura ante los demás.

Cuando la semilla de la no-existencia se ha instalado en un niño, éste lucha por neutralizarla, pero al final termina vencido. Esto es grave cuando se instala en nuestro corazón, pero es mucho más grave cuando se instala en el corazón y en la periferia de nuestro ser.

Cuando un niño se rinde por no ser reconocido, se instala en la desesperanza, se corta la relación, se instala en el letargo, levanta sus defensas para no sufrir (por ejemplo, niega sus necesidades porque éstas no pueden ser satisfechas).

Cuando uno se rinde tiene dos opciones: deslizarse totalmente a la “no-existencia” y se vuelve una larva; o bien, rebota para sobrevivir, es decir, se empiezan a desarrollar cualidades que hacen que sea reconocido; lo cual hace que ocupe un lugar y conseguir el afecto que necesita. Por ejemplo, se vuelven exitosos en el estudio, en el deporte, etc. Pero esto no es más que una “personalidad sobrepuesta”, es el matapalo que nosotros desarrollamos, pero en el fondo, existe una necesidad que no es satisfecha, por lo que junto con estas cualidades también se desarrollan comportamientos no armoniosos, que son síntomas de un mal profundo. Así por ejemplo, aunque sean personas exitosas en el estudio, el trabajo o incluso el servicio en la Iglesia o en la sociedad, tienden a ser personas depresivas o agresivas, que rechazan a los demás.

En un adulto existen principalmente cuatro reacciones síntomas de una herida de no existencia:

Apegos excesivos a una persona; se fija con la persona que la escucha y le da seguridad.

Miedo de no ser ya amado, el miedo al rechazo. Constantemente repite, de manera enfermiza: “no me dejes.” Aquí vienen los celos, la posesividad, etc.

La agresividad en las frustraciones; cuando algo le sale mal, es muy agresivo.

El sentimiento de culpa. Se culpa de todo y con frecuencia sin razón objetiva válida.

La lista de reacciones desproporcionadas es muy grande: como el activismo, el recurso a la droga o a la bebida, el afán de trabajo o incluso se pueden volver PSICOSOMÁTICAS, es decir, que se manifiestan en el cuerpo, como tensión en la nuca, crisis en el hígado, problemas en los huesos y músculos y otras enfermedades.

Ahora bien, estas heridas pueden sanarse; cada uno de nosotros puede quitarse de encima su matapalo y volver a la vida el árbol original. Para lo cual es necesario:

Ser consciente de que hay algo que curar. Ser consciente de que mi no existencia es un proceso doloroso. Muchas veces, sobre todo cuando hicimos el “rebote para sobrevivir”, están enfrascados y escondidos muy adentro hasta el punto de ser olvidados. Por eso es importante examinarnos si tenemos reacciones desproporcionadas. Y si las tenemos, no tener miedo de ver nuestras heridas internas.

Estar decidido a entrar en el camino de la curación. Entrar a lo doloroso o desconocido causa miedo, y por eso a veces tenemos que salir adelante con una persona competente a nuestro lado.

Hay que encontrar a alguien y a Alguien (con mayúscula: Dios mismo) con quienes recorrer ese camino de renacimiento y de resurrección. Es decir una persona que me ayude a encontrar mi pasado doloroso, para revivirlo en mi sensibilidad y en mi cuerpo. Actualizarlo, para asumirlo, aceptarlo, perdonarlo.

Nos ayudará Jesús en todo este camino, Con Él, podemos evacuar el mal que nos envenena y las reacciones desproporcionadas desaparecerán.

La experiencia de Dios es fundamental. Jesús nos quiere sanos. Él curó numerosas enfermedades para dar a entender que el Reino de Dios estaba cerca. Jesús no es ajeno a las heridas de mi infancia. ¿Dónde estaba Dios cuando me sentí herida/o? Pues ahí, allí, aquí. Dios es el Eterno Presente y ha estado, está y siempre estará y será a mi lado sacando vida de todo el mal que hago o me puedan hacer. Dios no impide el mal, porque nos deja libre pero está ahí como el Alfarero y el Médico tratando de rehacerme y de sanarme, haciendo que renazca del Agua y del Espíritu.

Jesús cura, sana y cicatriza las heridas de nuestra vida pasada hasta el grado de poder recordarlas sin que nos hagan daño. Hay que tener en cuenta que las carencias por sí mismas no pueden colmarse. Por el contrario, se puede curar de ellas reviviendo los sufrimientos que han producido esas carencias.

Pero curarse exige tiempo, hay que ser paciente, tenaz y estar motivado porque el camino es largo, pero vale la pena. Se encuentra entonces su ser original, se puede renacer, revivir, resurgir y desarrollarse armoniosamente. Se destruye el matapalo.

 

 

CONFRONTACIÓN:

Hacer pausa y tiempo de silencio para reflexionar. Ayudarse creando un ambiente adecuado, respiración, música, poca luz, etc.

REFLEXIONEMOS Y PENSEMOS:

¿Tengo yo una reacción desproporcionada?(Pausa). ¿Qué ha sido dañado en mí? (Pausa) ¿Quién me hizo daño en mi pasado? ¿Cuándo ocurrió? (Pausa para reflexionar) ¿Estoy dispuesta/o a servir a Dios con mis bienes y a dejar que Él me haga un jarro nuevo y saque los demonios y el matapalo que me envuelven? (Pausa).

 

 

ORACIÓN:

Recemos el salmo 86 (85) Esta es la oración de un hombre en tiempo de aflicción El servidor de Dios, oprimido por el pecado y angustiado por la muerte, pide la ayuda a Aquél que es todo bondad. Al orar, pensemos en nuestra necesidad de ser ayudados por el Señor que quiere escuchar mi plegaria:

1 Escúchame, Señor, y respóndeme, pues soy pobre y desamparado;
2 si soy tu fiel, vela por mi vida, salva a tu servidor que en ti confía.
3 Tú eres mi Dios; piedad de mí, Señor, que a ti clamo todo el día.
4 Regocija el alma de tu siervo, pues a ti, Señor, elevo mi alma.
5 Tú eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con los que te invocan.
6 Señor, escucha mi plegaria, pon atención a la voz de mis súplicas.
7 A ti clamo en el día de mi angustia, y tú me responderás.
8 Nadie hay como tú, Señor, entre los dioses y nada que a tus obras se asemeje.
9 Todos los paganos vendrán para adorarte y darán, Señor, gloria a tu nombre.
10 Porque eres grande y haces maravillas, tú solo eres Dios.
11
Tus caminos enséñame, Señor, para que así ande en tu verdad; unifica mi corazón con el temor a tu nombre.
12 Señor, mi Dios,
de todo corazón te daré gracias y por siempre a tu nombre daré gloria,
13 por el favor tan grande que me has hecho: pues libraste mi vida del abismo.

14 Oh Dios, me echan la culpa los soberbios, una banda de locos busca mi muerte, y son gente que no piensan en ti.
15 Mas tú, Señor, Dios tierno y compasivo, lento para enojarte, lleno de amor y lealtad,
16
vuélvete a mí y ten piedad de mí, otórgale tu fuerza a tu servidor y salva al hijo de tu sierva,
17 y para mi bien haz un milagro
. Humillados verán mis enemigos que tú, Señor, me has ayudado y consolado.

 

ACTIVIDAD:

La actividad que realizaremos será la de liberar nuestro niño/niña interior a través del diálogo y el baile.

Material:

+ Un juguete, muñeca o peluche que tenga algún significado para mí y me represente. (Puede pedirse con anticipación a los miembros de la comunidad que lo traigan).
+ CD con música para bailar. De preferencia un vals

Desarrollo:

En un primer momento nos sentaremos con nuestro muñeco en las piernas y entablaremos un diálogo con él. (Éste representa a mi niño o niña interior) Le haremos las siguientes preguntas y esperaremos a que surja una respuesta del interior.

 

+ Fulanito (tu nombre en diminutivo) ¿qué hay dentro de ti que te ha causado miedo, inseguridad y te ha hecho llorar? (Si me ayuda puedo escribirlo). ¿Qué rasgos de tu “personalidad de matapalo” te han servido para sobrevivir? ¿Estás dispuesto/a a reconocerlos, aceptarlos y sanarlos?

Abrazaremos a nuestro niño/niña interior representada en el muñeco y le prometeremos darle el amor incondicional y la atención y el cuidado que necesita.

En un segundo momentoponemos a nuestro juguete en la silla y nos levantamos para bailar un vals.

Imaginaremos que somos un gran árbol; alzaremos nuestras manos como si fueran nuestras ramas y diremos en nuestro interior mientras bailamos: “Dios me ama, Jesús me sana. No tengo nada que temer.”

 

MEMORIZACIÓN:

Trataremos de guardar en la memoria y en nuestro corazón: Creo que Dios me ama incondicionalmente por eso puedo liberarme de mi matapalo. (Repetimos y memorizamos las palabras en letra negrita).

 

COMPROMISO Y CONSIGNA:

Me comprometoa observarme y ver si en mi actuar de cada día tengo reacciones desproporcionadas. De ser así, pondré los medios necesarios para sanar.

Un medio indispensable es la oración y el discernimiento para descubrir la acción de Dios en mi vida y verlo actuar aún en mis debilidades.

 

Canto: Si vienes conmigo, y alientas mi fe.

 

Lema de la comunidad.

Oración final y convivio.


 

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